Saturday, April 3, 2010

Los chicos del sur de Sevilla, fuera de las cifras

José Antonio Gonzáles Chía no forma parte de una estadística.


Tiene 17 años y ha crecido Sevilla, en el barrio del Tiro de Línea, cerca de la zona más degrada social y económicamente de la ciudad, el Polígono Sur. Asiste al Instituto de Enseñaza Secundaria Ramón Carande, donde solo un 35 por ciento de los 545 alumnos accede cada año a la universidad.


De hecho, sólo el 7,3 por ciento de la población residente en el Polígono Sur tiene titulaciones profesionales o universitarias y más de dos tercios es analfabeta, según consta en el Plan Integral para la regeneración del Polígono Sur. Presentado con el fin de poner fin al aislamiento social, económico y hasta geográfico del barrio, dicho plan fue redactado conjuntamente por el Gobierno de España, la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Sevilla en el año 2005, y aprobado por el pleno de éste último al año siguiente. Sin embargo, los datos y cifras que en ese extenso informe definen al barrio no sirven para definir a José Antonio. Las circunstancias no pueden con él.


No oculta ni sus deseos y esperanzas, ni sus disgustos y frustraciones. Sus rasgos son los de un adolescente y lleva el pelo moreno engominado como muchos de sus compañeros de instituto, pero discute ciertas cosas con la seguridad en sí mismo y el aplomo de un adulto.


Tiene claro la carrera que quiere hacer después del instituto: enfermería, y ya sabe cuáles son los pasos que debe dar para conseguir su objetivo. También es consciente de los desafíos que le aguardan. “Yo no lo sé, de verdad”, José Antonio explica con realismo. “Hombre, si veo que puedo estudiar, yo sigo”. Necesita notas altas para obtener el ingreso en la Escuela de Enfermería de la Universidad de Sevilla.


Vive con su madre, asistenta del hogar, su padre, electricista, y su hermana mayor. “Estamos en crisis, porque no hay dinero”, nos cuenta José Antonio. Afortunadamente, sus padres no se han visto afectados por el creciente desempleo que asola a Andalucía y, muy particularmente, a los residentes del Polígono Sur. Él tiene confianza en que su futuro profesional será también positivo.


En general le gustan sus clases en el Instituto, donde también disfruta mucho con los amigos. “El único problema son los golfos que hay. Se pegan e insultan tanto entre ellos como con los otros”, nos dice con un suspiro y encogiéndose de hombros. “Yo que sé – hacen de todo”.


Según Encarnación Quiroga, psicóloga y orientadora académica del Ramón Carande, junto a la mala conducta, que distrae a los propios estudiantes, los profesores notan que lo más difícil de combatir en el instituto es la desmotivación del alumnado. “Pensamos que es un milagro el simple hecho de que sigan estudiando”, comenta. “Pero el problema de fondo es que el Sistema Educativo no responde a las verdaderas necesidades de estos estudiantes y muchas de las estrategias que se ponen en marcha para ayudarles no funcionan”. De esa manera, y paradójicamente, el instituto en sí mismo plantea otros retos y desafíos a los alumnos del Ramón Carande.


El Polígono Sur, situado en la periferia sur de Sevilla, y ha sido ya desde sus orígenes un punto de debate tanto entre los políticos como entre los ciudadanos de Sevilla. Creado en los años 60, se considera una de las zonas más inseguras de Sevilla, de triste fama por el tráfico de drogas y la consiguiente violencia. Es un barrio que no sólo cuenta con una población muy escasamente formada, sino al que los servicios públicos básicos no llegan. En 2002 hubo una gran polémica cuando el servicio de correos fue suspendido durante semanas. Ese mismo año, dejó de dar servicio la línea de autobús que era esencial para la movilidad de los vecinos del barrio.


El Polígono Sur también se distingue por el porcentaje de población de origen gitano que vive allí – entre un 10 y un 15 por ciento, según el Plan Integral – y su fama por ser la cuna de muchos importantes artistas del Arte Flamenco. En el instituto Ramón Carande, un 22 por ciento de los estudiantes es gitano.


Aunque no está ubicado dentro del Polígono Sur, sino en su perímetro, el Ramón Carande ya muestra cierto abandono y antigüedad. El edificio es un espejo de los años 70, época en la que fue construido. La atmósfera es un tanto carcelaria: ventanas enrejadas y habitaciones mal iluminadas con tubos fluorescentes que recuerdan a otra época. El jardín que nos recibe a la entrada hace mucho también que dejó de cuidarse.


Pero la auténtica energía del centro está en sus estudiantes. Como José Antonio, Juan Manuel Gandul Perea, de 18 años, cursa en él su quinto año de estudios. Juan Manuel quiere estudiar informática en la universidad después del instituto y nos muestra su pesar porque estemos en un aula con una colección de ordenadores que podrían tener solo unos años menos de edad que él.


Como José Antonio, Juan Manuel lleva gafas y el pelo engominado. Vive en el barrio de Los Verdes, cerca del Polígono Sur, y se refiere a sus vecinos como “ muy buena gente”.


Ninguno de los dos chicos distingue entre su barrio y el resto de Sevilla. Los dos salen con los amigos los fines de semana y viven enganchados a Tuenti y Facebook para mantener su vida social. Juan Manuel tiene novia; José Antonio tenía novia. Como él mismo explica, “mejor estar solo”.


Para Encarnación Quiroga, los desafíos que se plantean a los alumnos del Ramón Carande no son exclusivos al Polígono Sur, sino que son problemas universales. “Dicen que en Estados Unidos cada vez menos personas quieren ser profesores de Educación Secundaria”, comenta. “Yo creo que la educación, en el mundo desarrollado hoy día, no se adapta al alumnado que tiene delante”.

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